El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Bisma abrÃa a su alrededor un cÃrculo; ante su maza, esgrimida por los largos brazos nervudos, el suelo se cubrÃa de carne palpitante; los más resueltos evitaban acercarse allÃ; se habÃa formado una plaza ambulante, que caminaba con el guerrero, variando de lugar según él avanzaba, más ancha cada vez. Circundando aquel emplazamiento libre, se desarrollaba la lid, y atronaba su ruido formado por sonidos discordes: el clamoreo y trajÃn de los infantes, el batir del casco de los caballos, el choque de las ferradas porras y el rechinar de los garfios de hierro, el hondo campaneo de los escudos, el tilinteo de las campanillas que adornaban el petral de los elefantes, el gemido de los moribundos, el largo silbo de las encendidas flechas y, algo más espantable aún: el crujido de los cuerpos reventados, aplastados por las patazas elefantinas. Pero donde Bisma jugaba su maza colosal, relativo silencio permitÃa escuchar las injurias que el enemigo dirige al enemigo en la viril embriaguez de la lucha. Los que habÃan caÃdo anonadados por un mazazo, sangrando como bueyes, aún respiraban; los afanes inconscientes de la agonÃa les obligaban a arrastrarse por el suelo, comprimiendo con la mano sus entrañas, que se salÃan del roto vientre. Y Bisma, orgulloso, se apoyó en la maza y descansó un instante, esperando enemigos de refresco. Entonces vio que Sueta, el gallardo prÃncipe, avanzaba contra él, solo, desnudo, sin más armas que su lanza.