El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Son —repetÃa— cuentos y leyendas que fraguan aquà para prestar cierto atractivo dramático a la estancia en el monte. Este elemento se cultiva cuidadosamente también en Suiza: forma parte del reclamo. ¡Bah! A mà no me asustan.
Llegó un momento en que la viajera, fijándole con sus grandes ojos negros tropicales, dijo, entre desdeñosa y riente:
—SÃ, sÃ… Una cosa es hablá, otra hasé… ¡Yo creo que las tales arenitas le dan a todo el mundo su miga de respeto!…
Hernández se encontraba en ese perÃodo en que un hombre, exaltado por la vehemencia pasional, quisiera realizar cosas tales, que asombrasen al mundo y demostrasen el temple extraordinario de su espÃritu. Acaso también hubo un momento en que no fue dueño de su lengua, y anunció más de lo que a sangre frÃa debiese anunciar. Lo cierto es que, embriagado con sus propias palabras, y viendo lucir una chispa de interés en aquellas pupilas de infierno dulce, juró que cruzarÃa las arenas por la parte afuera del dique y por ellas regresarÃa a la AbadÃa sano y salvo.
A pesar nuestro, nos habÃan persuadido un poco sus graciosas «rodomontades», y no sé por qué imaginamos el peligro menor. Tampoco creÃmos quizá que aquel mala cabeza realizase su plan con tan fulminante rapidez.