El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Te entiendo —murmuró—. La alusión es transparente… En las arenas movedizas del alma de una mujer, algunos nos atrevemos a arriesgarnos cuando estamos realmente enamorados; pero en esas otras arenas que me estás describiendo, me figuro que pocos se aventurarán.
—Te engañas… Lo que voy a referirte ocurrió encontrándome yo allÃ. Y el que se arriesgó a desafiar las arenas fue un viajero que conocÃa perfectamente los peligros de la aventura. Y la que le incitó, una mujer…
Siguiendo la estela de cierta viajera muy guapa, ya viuda, que le traÃa al retortero, un muchacho sudamericano, aficionado al deporte, algo jactancioso, a quien yo conocÃa de ParÃs, se encontraba en la hospederÃa. Suele decirse que los valientes no son nunca fanfarrones; pero esta sentencia, como todas las que la psicologÃa se refieren, no es infalible. Aquel muchacho, Sotero Hernández, fanfarroneaba, sin carecer de un valor temerario. Bien lo probó la aventura.
Cuando nos reunÃamos a la hora del té o de sobremesa —yo formaba parte del corro, o, mejor dicho, corte, de la viuda— se hablaba de las arenas, de sus peligros, de lo que pudiera acontecer, caso de atravesarlas sin guÃa. Sotero habÃa tomado el estribillo de reÃrse de tales historias.