El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Y notando que Braulio apenas podÃa tragar las colitas de los langostinos y se ayudaba con frecuentes libaciones, él tan sobrio, continué:
—A primera vista, la arena movediza es sencillamente una extensión gris, en la cual creerÃamos poder aventurarnos sin recelo. Hay arenas, sin embargo, más pérfidas que otras. Algunas parecen lÃquidas: absorben inmediatamente lo que se les arroja. Siguiendo las indicaciones de mi guÃa, hice el experimento. Nos llevamos un carnero vivo y lo lanzamos a vuelo a la arena, como lo hubiéramos lanzado al mar. Y en realidad fue lo mismo. Le vimos desaparecer: ni aún la cabeza surgÃa. En pocos segundos no quedó señal alguna del pobre animal: ni siquiera depresión en la árida superficie.
Al preguntar yo si era frecuente que ocurriesen desgracias en los arenales que rodean al monte, me contestaron que ahora pocas veces, desde la construcción del dique extendido entre la tierra firme y la AbadÃa. No obstante, siempre existen insensatos que se juegan la vida, sea por curiosidad, sea porque hay en el peligro atractivo misterioso, que nos fascina y nos hace olvidar la más elemental prudencia…
Me interrumpió Braulio, dejando de chupar la cabeza roja de un langostino.