El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Tal vez el caso no era nuevo: ello fue que en un momento se organizĂł el envĂo de socorros, y dos prácticos volaron en auxilio del imprudente… SeguĂan el mismo camino por Ă©l emprendido; faltaba que Ă©l pudiese resistir hasta la llegada de los salvadores… Nos aterrĂł ver que su cabeza bajaba al nivel del suelo. Fue esto, sin embargo, lo que le salvĂł. Reuniendo sus fuerzas y sus energĂas, logrĂł tenderse, y, habiendo soltado las piernas, raneaba suavemente, de un modo casi imperceptible, hacia la parte sĂłlida del arenal. Todo movimiento descompuesto podrĂa provocar la formaciĂłn de otro vĂłrtice, aunque en aquella posiciĂłn era ya más difĂcil… Y asĂ, nadando o reptando, antes de que llegasen los que iban a auxiliarle, alcanzĂł el terreno sĂłlido…
¡Lo alcanzĂł, sĂ…; pero en quĂ© estado, con quĂ© cara! Nos pareciĂł ver a un muerto que salĂa del sepulcro. No hace falta ser cobarde para experimentar vĂ©rtigo de espanto ante las arenas tragonas…
—¿Y qué hizo después con su amor? —interrogó Braulio.
—¡No hay amor que a eso resista! —contesté despreciativo.
Luego supe que Braulio no se ha casado… Sin duda, teme a la arena.