El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Que haga máquina atrás el vapor… Está encerrada ahà en un calabozo…
—Que baje un hombre, y con una soga desde aquà le sostendremos.
—¡Eh! ¿Está por ahà Travancas? ¿Está Jolipé?
Y ni Jolipé ni Travancas aparecÃan, y los segundos se agregaban a los segundos en aquel trágico instante, en que cada segundo tenÃa tan enorme valor, y habrÃa al fin un segundo que fuese el decisivo, el inexorable… Las exclamaciones italianas de los cómicos, su mÃmica desesperada aumentaba la confusión. Y caminaba, indiferente, el tiempo, y todos comprendÃan por instinto que, ganándolo, la actriz se salvarÃa; y se malograba la ocasión, sin que una voluntad se impusiese, sin que el salvamento se iniciase siquiera… La cara blanca asomó un instante, entre otro rebullir de agua salobre; asomó como el vientre de un pez muerto ya; y era evidente, para los que entendÃan de tales asuntos, que la Ñoquita no podÃa subir a la superficie, sacar los brazos, defenderse por falta de espacio, encajonada como estaba, y además agobiada, presa en la cárcel de paño de su abrigo…