El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos 
Doradores
LREDEDOR de la fábrica —una fábrica elegante, de marcos, molduras y rosetones dorados, en mate y brillo— apostĂłse el nutrido grupo de huelguistas. A media voz trocaban furiosas exclamaciones y sus caras, pálidas de frĂo y de ira, expresaban la amenaza, la rabiosa resoluciĂłn. Que se preparasen los vendidos, los traidores que iban a volver al trabajo, no sin darse antes de baja en la sociedad El Amanecer.
Algunos de estos vendidos, deseosos de ganar para la olla, habĂanse aproximado con propĂłsito de entrar en la fábrica, y ante la actitud nada tranquilizadora del corro vigilante, retrocedieron hacia las calles cĂ©ntricas. Conversaban tambiĂ©n entre sĂ: «Aquello no era justo, ¡concho! El que quiera comerse los codos de hambre, o tenga rentas para sostenerse, allá Ă©l; pero cuando en casa están los pequeños y la madre aguardando para mercar el pedazo de tocino y las patatas a cuenta del trabajo de su hombre… hay que arrimar el hombro a la labor». Hasta hubo quien refunfuñó: «Con este aquĂ©l de las sociedades no mandamos, ¡concho!, ni en nosotros mismos…». MelancĂłlicos se dispersaron a la entrada de la calle Mayor para llevar la mala noticia a sus consortes.