El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Y como el tÃo Pedro, a quien tiraba de la manga Manueliña, iniciase el movimiento de querer desfilar, uno de los huelguistas —el aludido por el viejo al hablar de mujeres que se pierden— enarboló la estaca, y fue tan bien asentado el primer golpe, que partió el cráneo del viejo, haciéndole caer como acogotado buey. Lo que siguió tuvo los caracteres de esa epidemia, de ese contagio homicida que, en un momento dado, se apodera de las multitudes. Veinte estacas cayeron sobre el cuerpo, y una alcanzó a la niña, que valiente como cachorrillo de león, interponÃa su débil corpezuelo para resguardar al abuelito. Cuando llegaron corriendo, revólver en puño, los guardias, todavÃa alentaba Pedro Camino. No murió hasta el dÃa siguiente, en el hospital.