El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos En el mismo momento, y sin duda atraÃdos por los gritos de la muchacha, apareciéronse por allà cuatro guardias y un cabo de ronda. VenÃa la fuerza pública como a remolque, nada deseosa de emprender cuestión, porque aquellos enredos de huelgas eran el diablo, y el que más y el que menos de los guardias es amigo, vecino, compadre de alguno de los amotinados; pero, al fin, tenÃan órdenes, y venÃan a ver qué demontre pasaba allÃ. Como viesen que nada pasaba realmente, retrocedieron, y se enhebraron por una de las callejuelas, afectando prudencia, y disimulo. Pero su presencia como un latigazo, habÃa embravecido a los huelguistas.
—A nosotros no nos meten miedo los guardias.
—Ya no falta más que echarnos encima la fuerza.
—Los más bribones son los hijos del pueblo que la llaman…
—¡Concho con los vendidos!