El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos El Estudiante confesó y fue a presidio. Las joyas, entregadas a un tahúr, un cómplice encubridor venido de Madrid y apostado en las cercanÃas del Triunfo para recoger la presa, nunca se recobraron, ni tampoco la divina cabeza, de dulce sonrisa estática, la amada cabeza de la Virgen.
Y de aquellos dos niños hijos del hércules, ya huérfanos y solos, ¿quién sabe lo que habrá sido? Continuarán rodando por el mundo, adoptando posturas plásticas en algún circo, y poco a poco se irá borrando de su memoria la imagen del campo verde, festoneado de alisos y espadañas, donde vieron asesinar a su padre…