El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Al pronto, pensé en dirigirme a la morada de mi tÃa, en demanda de hospedaje; después, por uno de esos impulsos que nadie se toma el trabajo de razonar —tan insignificante creemos su causa—, decidà no aparecer hasta el dÃa siguiente. A tales horas, la casa de mi tÃa se me representaba a modo de coracha oscura y aburrida. De antemano veÃa yo la escena. SaldrÃa a abrir la única criada, chancleteando y amparando con la mano la luz de una candileja. Se pondrÃa muy apurada, en vista de tener que aumentar a la cena un plato de carne: mi tÃa Elodia suponÃa que los muchachos solteros son animales carnÃvoros. Y me interpelarÃa: ¿por qué no he avisado, vamos a ver? RechinarÃan y tintinearÃan las llaves: habÃa que sacar sábanas para mÃ… Y, sobre todo, ¡era una noche libre! A un muchacho, por formal que sea, que viene del campo, de un pazo solariego, donde se ha pasado el otoño solo con sus papás, la libertad le atrae.