El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Dormà sueño pesado que turbaron pesadillas informes, de esas que no se recuerdan al abrir los ojos. Y me despertó un estrépito en la puerta: el dueño del parador en persona, despavorido, seguido de un inspector y dos agentes.
—¡Eh! ¡Caballero! ¡Que vienen por usted!… ¡Que se vista!
No comprendà al pronto. Las frases broncas, deliberadamente ambiguas, del inspector me guiaron para arrancar parte de la verdad. Más tarde, horas después, ante el juez, supe cuanto habÃa que saber. Mi tÃa Elodia habÃa sido estrangulada y robada la noche anterior. Se me acusaba del crimen…
Y véase lo más singular… ¡El caso terrible no me sorprendÃa! Dijérase que lo esperaba. Algo asà tenÃa que suceder. Me lo habÃa avisado indirectamente «alguien», quién sabe si el mismo espÃritu de la muerta… Sólo que ahora era cuando lo entendÃa, cuando descifraba el presentimiento negro.