El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos El juez, ceñudo y preocupado, me acogió con una mezcla de severidad y cortesía. Yo era una persona «tan decente», que no iban a tratarme como a un asesino vulgar. Se me explicaba lo que parecía acusarme, y se esperaban mis descargos antes de elevar la detención a prisión. Que me disculpase, porque si no, con la Prensa y la batahola que se había armado en el pueblo, por muy buena voluntad que… Vamos a ver: los hechos por delante, sin aparato de interrogatorio, en plática confidencial… Yo debía venir a pasar la noche en casa de mi tía. Mi cama estaba preparada allí. ¿Por qué dormí en el parador?
—De esas cosas así… Por no molestar a mi tía a deshora…