El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —¡Ah!, una impresión atroz. Era ya de dÃa, y la patrona nos abrió la puerta en un estado de alteración que daba lástima. Nos rogó que entrásemos en la habitación de nuestro amigo, porque al ir a despertarle, por orden suya, a las seis de la mañana, vio que no respondÃa, y estaba pálido, pálido, y no se le oÃa respirar… ¡O desmayado, o…! Fue entonces cuando, alzando la sábana, observamos la herida.
—¿Qué explicación dio la patrona?
—Ninguna. ¡Cuando le digo a usted que ni la patrona, ni la Justicia, ni nadie ha encontrado jamás el hilo para desenredar la maraña de ese asunto! La patrona, eso sÃ, fue presa, incomunicada, procesada, acusada…; pero ni la menor prueba se encontró de su culpabilidad. ¡Qué digo prueba! Ni indicio. La patrona era una buena mujer, viuda, fea, de irreprochables antecedentes, incapaz de matar una mosca. La noche fatal se acostó a las diez y nada oyó. La sirvienta dormÃa en la buhardilla: se retiró desde la misma hora, y a las ocho de la mañana siguiente roncaba como un piporro. El sereno a nadie habÃa visto entrar. ¡El misterio más denso, más impenetrable!
—¿Se encontró el arma?
—Tampoco.
—¿TenÃa dinero en su habitación la vÃctima?