El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Que supiésemos, ni un céntimo; es decir, unos duros…, que es igual a no tener nada, para el caso… Y esos allà estaban, en el cajón de la cómoda, por señas, abierto.
—¿Se le conocĂan amores?
—Vamos, rehacemos el interrogatorio… No tenĂa lo que se dice relaciones seguidas, ni querida, ni novia; no serĂa un santo, pero casi lo parecĂa; por celos o por venganza de amor, no se explica tan trágico suceso.
—Pero Âżcuáles eran sus costumbres? —insistĂ, con afán de polizonte psicĂłlogo, a quien irrita y engolosina el misterio, y que sabe que no hay efecto sin causa—. Ese muchacho —¿no era un hombre joven?— tendrĂa sus hábitos, sus caprichos, sus peculiares aficiones…