El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Algo distinto debĂa suceder aquella noche, porque Praga vacilĂł y se puso blanco. No tenĂa, sin embargo, más defensa que la valentĂa absoluta, y, vibrando el latiguillo, avanzĂł resuelto. Pero la fiera se habĂa dado cuenta de aquel desfallecimiento momentáneo…
Un rugido tremebundo enviĂł al rostro del domador el hálito bravĂo del felino. Sin intimidarse, Praga descargĂł el látigo, silbante, en las orejas del animal. Más que el imperceptible dolor, el ultraje enardeciĂł a la fiera. Como una masa cayĂł sobre su enemigo; sus garras hicieron presa en un hombro, y sus dientes en el costado. En el circo se alzĂł un grito de horror, formado de mil clamores. No habĂa modo de intervenir. Drago, que habĂa probado la sangre, la bebĂa con áspera lengua en el mismo cuello de su vĂctima…
Y Rosa, la admiradora, de pie, transportada, electrizada, ya fuera de sĂ, sin atender a ningĂşn respeto, aplaudĂa al vencedor.
—¡Bravo, Drago! ¡Bravo! ¡Drago, Drago, asĂ!…
Por eso suele decir Tresmes:
—Yo bien lo sabĂa. No era el domador, era el leĂłn el que a la muchacha le parecĂa hermoso… Y acertaba; opino lo mismo que ella. Pero ¡caramba con las mujeres! ¡Ponerse a aplaudir, a vitorear! Bueno fue que, como todo el mundo chillaba, sĂłlo nosotros oĂmos la atrocidad… Si no, la linchan.