El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Hay uno. Deja tu reino, deja tu gloria, quédate aquà conmigo, haciendo la misma penitencia. Sólo asà consentiré en desquiciar el cielo, que fuerzo con mi voluntad y mi virtud, para salvarte. Si lo hiciese para dejarte donde estuviste hasta ahora en tu palacio, en tu orgullo, en tu poder, te esperarÃa algo peor de lo que te espera. AcabarÃas por ser esclavo de otras hembras, de otras tigresas más feroces —de tus pasiones—, que están próximas a desencadenarse. Hasta hoy te han llamado el Justo. Se acerca la hora en que te llamarÃan el Tirano. Tú no comprendes que esto pueda suceder; yo sé de cierto que sucederÃa, porque te morderÃa la fiera de la soberbia y llegarÃas a no tener de hombre más que la forma. Yudistira, agradece a la diosa Kali que te transporte a diferente existencia. Levanta el corazón, siéntate al borde de esta fuente y no te muevas hasta que los pájaros hagan nido en tu cabellera perfumada.
El prÃncipe iba a seguir el consejo del asceta, iba a convertirse en penitente humilde; pero vio que una mosca repugnante se le metÃa en los ojos al solitario, y que éste, superior a las apariencias y a las formas, no la espantaba… No tuvo valor de adoptar semejante género de vida: sin abluciones, sin túnicas blancas que remudar, sin bebidas frescas para las horas en que el sol asciende… Levantóse, llamó a su gente, y a fin de que no les sorprendiese la noche, emprendieron el viaje de regreso.