El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —No; no la mataron, prÃncipe. La dejaron medio muerta: no atendieron más que a curarte a ti. Tú no ignoras que cuando el tigre llega a probar la carne del hombre, desdeña ya y mira con repugnancia cualquier otro alimento; pero —todos nuestros montañeses lo dicen— cuando es una tigresa la que gusta el manjar, no sólo lo prefiere a todo, sino que años enteros va tras el rastro de la misma persona a quien hincó el diente, apasionada, con terrible violencia de su sangre. El olfato sutil de la fiera no se engaña. Ya has oÃdo, Yudistira, por dónde viene el hado para ti…
El prÃncipe dejó caer entre las manos la cabeza, y doliente suspiro salió de su pecho. GemÃa por su juventud, sentenciada inexorablemente.
—¿No habrá ningún medio de evitarlo? —preguntó afanoso.