El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos 
Durante el entreacto
L silencio de la alcoba —silencio casi religioso— se rompió con el sonar leve de unos pasos tácitos y recatados, que amortiguaban la alfombra espesa. El bulto de un hombre se interpuso ante la luz de la lamparilla, encerrada en globo de bohemio cristal. La mujer que velaba el sueño del niño, dormidito entre los encajes de su cuna, se irguió y, anhelante de ansiedad, miró fijamente al que entraba asÃ, con precauciones de malhechor.
—¿Traes eso?
—¡Chis! Aquà viene.
—¿Se han fijado?
—Nadie. El portero, medio dormido estaba. El criado abrió sin mirar. Le dije que venÃa a ver a la parienta…
—Como de costumbre. ¡Digo yo que no habrán extrañao…!
—Que no, mujer. Ni ¿cómo iban ellos a pensarse…?
—No se les ocurrirá, me parece…
—¡Ea! ¡No moler! ¿Qué se les va a ocurrir, imbécila? Ni ¿quién lo averigua luego? De un tiempo son y en la cara se asemejan: ¡casualidás!
