El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos El hombre se desembozó. La mujer, envalentonada, hizo girar la llave de la luz eléctrica, y la lámpara, astro redondo formado por sartitas de facetado vidrio, alumbró la suntuosa estancia. Forradas de seda verde pálido las paredes; de laca blanca, con guirnaldas finas de oro, el lecho matrimonial; de marfil antiguo el Cristo que santificaba aquel nido de amor, y en cuna también laqueada, con pabellón de batista y Valenciennes, la criaturita fruto de una unión venturosa… Los ojos del hombre registraron con mirada zaina, artera, el encantador refugio, y se posaron en el chiquitÃn, que ni respiraba.
—Desnúdale ya —ordenó imperiosamente a la mujer.
Ella, al pronto, no obedeció. Temblaba un poco y sentÃa que se le enfriaban las manos, a pesar de la suave temperatura de la habitación.
—Miguel —articuló por fin—, miá lo que haces antes que no haiga remedio… Miá que esto es mu gordo, Miguel.
El hombre habÃa depositado sobre la meridiana de brocado rameado, igual al que vestÃa la pared, un bulto informe. Era algo envuelto en raÃdo y pingajoso mantón.