Ifigenia
Ifigenia ¡Ah!, ¡pero el cielo implacable no derrama, no, sobre este ardor de mi espÃritu, aquel rocÃo bienhechor que penetró hasta el horno de los tres cautivos, y este horno candente de mi duda seguirá abrasándome noche y dÃa, sin tener compasión, ni tener tregua!…
Hoy en la mañana recibà carta de Cristina Iturbe. Aquà está todavÃa sobre la mesa, junto al sobre rasgado, tal y como la dejé, después de haberla leÃdo. Es la desganada y tardÃa contestación a mi pobre carta-protocolo. Está escrita en un papel gris, timbrado en oro, oloroso a sándalo, surcado derechÃsimamente como un pentagrama por aquella letra firme y puntiaguda de Cristina. Todo ello muy elegante, muy correcto, y horriblemente doloroso en su inconsciencia y en su trivialidad.