Ifigenia
Ifigenia Al lado de este cuarto, está el cuarto donde velé yo anoche, y donde hoy vela tÃa Clara… Por debajo de la puerta pasa un hilo de luz… Después viene el cuarto donde se muere tÃo Pancho… y por fin, viene… el salón, sÃ, el saloncito angosto donde pusieron anoche una cama para que durmiese… ¡él!… Pero… ¿dormirá? Me figuro que también estará sin dormir… y que también ha abierto su ventana, y que también se ha asomado… Por más que allÃ, en la salita, hay luz eléctrica… Quizás haya encendido la luz y esté leyendo… pero ¡no, no!… ni duerme ni lee… seguramente ha abierto la ventana, se ha apoyado en el alféizar, y sin mirar a la calle, está mirando el cielo. ¿Y también allá, en el cielo de la calle, se verán como aquÃ, en el cielo del patio, los dos brillantes de Mercedes Galindo?…
¡Ah! qué dÃa singular y extraño será siempre en mi vida el dÃa de ayer! Tanto esta noche de ahora, como ese otro dÃa de ayer, me parece todo, pero absolutamente todo, como cosa de sueño o de pesadilla… pero, no, no, de pesadilla no, cosa de sueño nada más; sÃ; de sueño largo y suave que no se termina jamás, y que sigue… sigue… sigue… durante la noche y durante el dÃa.