Ifigenia
Ifigenia A ciencia cierta, no puedo decirte por qué no te escribí desde París, y muchísimo menos aún por qué no te escribí después, cuando radiante de optimismo y hecha una parisiense elegantísima, navegaba rumbo a Venezuela. Lo que sí voy a confesarte, porque lo sé y me consta, es que si desde aquí, desde Caracas, mi ciudad natal, no te había escrito todavía, aun cuando el tiempo me sobrara de un modo horrible, era única y exclusivamente, por pique y amor propio. Yo, que sé mentir bastante bien cuando hablo, no sé mentir cuando escribo, y como no quería por nada del mundo decirte la verdad, que me parecía muy humillante, había decidido callarme. Ahora me parece que la verdad a que me refiero no es humillante sino más bien pintoresca, interesante y algo medioeval. Por consiguiente he resuelto confesártela hoy a gritos si es que tú eres capaz de oír estos gritos que lanzan mis letras: