Ifigenia
Ifigenia Me sentà deslumbrada por la luz que irradiaba yo misma, porque aquella carta sin abrir todavÃa ¡era esta propia carta que tengo aquà sobre mi mesa, bajo el cariño apasionado de mis manos!… ¡SÃ! era esta carta adorada; esta carta redentora; la que mis ojos habÃan esperado en vano durante más de dos años; la misma de San Nicolás; la misma de las patitas de mosca; la misma que un dÃa, generosamente, en mi gran ilusión de amor, leà millares de veces a la fraternidad del campo entero; la misma hija pródiga e ingrata que pide ahora su limosna de perdón a la puerta indulgente de mi alma; la carta bienhechora, la tardÃa, la que llega por fin a la sed de mi espÃritu, como las lluvias bienhechoras y tardÃas llegan sobre la sed de la tierra agrietada de esperar; la audaz conquistadora, la que me invitaba a seguirla cuando la vida habÃa puesto montañas y abismos infranqueables en mi camino de amor; la carta sabia; la maestra misericordiosa que para salvar los abismos venÃa a enseñar a mi desvalimiento las sublimes delicias de volar por los aires; la carta que me ha coronado reina; la carta cuyos pliegos zigzagueados de negro y salpicados de luz son el grupo de alas triunfantes sobre las cuales volaré mañana, y volaré siempre, siempre, por sobre la impotencia rastrera de los preceptos humanos; la carta que abrà con un ramo de besos; la que leà con aquella guirnalda de besos que poco a poco mis ojos fueron tejiendo sobre el amor encendido de cada letra… ¡SÃ!… ¡sÃ! aquel sobre dirigido a mà que al caer de la tarde junto a la puerta de entrada me tendieron ayer unas manos, era mi carta… mi carta… ¡mi carta redentora de Gabriel!… Ella me fulminó con su luz, me derrumbó sobre el camino de mis prejuicios convirtiéndome de golpe a su nueva religión, como el rayo fulminante de San Pablo sobre el camino de Damasco; ella me acogió dulcemente en su seno de amor; ella me evangelizó ya, y por eso ahora, como las jóvenes convertidas con el mismo traje blanco de bautizada y de neófita, me he desposado hoy solemnemente ante la pompa de esta naturaleza nocturna, Reina negra y enjoyada que reina majestuosamente sobre todos los misterios gozosos de mi nueva religión de amor…