Ifigenia
Ifigenia El lunes siguiente al caer de la tarde
DESPUÉS DE UN larguísimo sueño, hondo y oscuro, que ha durado casi veinticuatro horas, acabo de abrir los ojos a la luz tristísima de esta tarde horrible, que tras de mi ventana ya se mezcla con la noche.
Bajo la luz mortecina que se apaga, vengo a escribir hoy la última página de mi vida espiritual, y vengo a guardar aquí, en esta blanca hoja tendida y en espera sobre mi escritorio confidente, el adiós que entre las manos me legó mi alma al expirar.
Porque del largo sueño hondo y oscuro del cual me he despertado hace un instante, ha vuelto únicamente mi cuerpo. Mi alma que al dormirse estaba herida de muerte, se ha quedado en el sueño para siempre inmóvil y tranquila… ¿Por qué estos ojos, ventanas vivas de mi espíritu, no se quedaron también cerrados eternamente, sobre el sueño apacible de la pobre mártir?… ¿A qué seguir alumbrando ya esta carne dolorosa, relicario errante, condenado a caminar sin rumbo, con un cadáver tendido, en perpetua oblación de sacrificio?
