Las memorias de Mama Blanca
Las memorias de Mama Blanca —¡Qué cabezas tan divinas y todas diferentes! ¡Si parecen un coro de querubines!
Por toda contestación, nosotras nos cubrÃamos más y más el rostro. Ante el esfuerzo, las sortijas, marañas y crespitos temblaban tornasolados pregonando en nombre de los rostros, bellezas sin cuento que en realidad no existÃan. Al explotar asà la curiosidad y la credulidad del público, nos hacÃamos con habilidad, en un instante, al igual de los artistas e industriales modernos, un renombre muy superior al merecido por nuestras perfecciones. Las visitas, en efecto, acababan diciendo:
—¡Qué criaturas tan lindas!
Y se iban muy convencidas sin haberlo comprobado. Mamá, bañada en agua de rosas, respondÃa con frases desbordantes de falsa modestia y al final, sin dar a la cosa la menor importancia, declaraba esto:
—SÃ. Es verdad que tienen el pelo sedoso y crespo. Y han de saber ustedes que es enteramente natural. La única que lo tiene un poco menos rizado es Blanca Nieves, aquella, la más trigueñita…, pero sus crespos… ¡también son naturales!