El brillo de las luciérnagas
El brillo de las luciérnagas El niño asintió, esperando que ella lo negara, que le diera una razón para no creerlo. Pero en lugar de eso, su hermana suspiró. —No fue exactamente asÃ. Fue… más complicado. Pero él prefiere culparme a enfrentar la verdad.
—¿Qué verdad?
—Que él también tiene culpa. Que todos la tenemos.
Antes de que pudiera seguir, su padre apareció en la puerta, sus ojos llenos de advertencia. —No más secretos —dijo el niño, enfrentándolo de nuevo—. Ya no.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, como el humo del incendio que aún parecÃa arder en los corazones de todos.
El niño sabÃa que no podÃa detenerse ahora. Las piezas estaban comenzando a encajar, pero aún faltaba la verdad completa, aquella que parecÃa estar enterrada bajo el peso de los años y las culpas compartidas. La tensión en el sótano era casi insoportable; cada mirada entre los miembros de su familia era un recordatorio de los secretos que los mantenÃan prisioneros.