Botones y encaje
Botones y encaje Esa noche, al abrir la puerta de su apartamento, encontró un adorno de Navidad en el suelo. Una esfera roja que Jacob, su pareja, había colgado con orgullo días atrás. Lo levantó con cuidado y lo devolvió al árbol, como si pudiera sostener algo de la calidez que hacía tiempo se había desvanecido entre ellos. Jacob había cambiado, y aunque nunca hablaba de ello, Pearl intuía que había secretos oscuros enterrados tras su distancia y su mirada perdida.
Una noche, mientras ella intentaba llenar el silencio con alguna conversación banal, alguien llamó a la puerta. Al abrirla, un hombre alto, de cabello oscuro y con una chaqueta de cuero desgastada, cruzó el umbral sin esperar invitación. Su presencia llenó la habitación como una tormenta, y sus botas dejaron marcas húmedas en el suelo de madera.
―¿Dónde está Jacob? ―preguntó, su voz grave como el trueno.
―No está aquí. ¿Quién demonios eres? ―Pearl mantuvo la compostura, aunque el miedo la atenazaba.
El hombre la miró con una sonrisa cruel, como si pudiera leer sus pensamientos.
―Dile que debe pagar lo que debe ―sentenció, dando media vuelta para marcharse.― Y si no paga pronto, lo hará con su vida.
