Botones y encaje
Botones y encaje Pearl cerró la puerta de golpe, temblando. Al apoyarse contra ella, el adorno que había colocado en el árbol cayó de nuevo al suelo y rodó hasta sus pies, como si el universo se estuviera riendo de ella.
Cuando Jacob llegó a casa esa noche, lo confrontó.
―¿A qué te has metido? ¿A quién le debes dinero?
―No es asunto tuyo ―respondió con frialdad mientras tomaba una cerveza de la nevera.
Pearl notó la grieta en su relación abrirse más, pero aún no podía ver qué tan profundo era el abismo que la esperaba. Sin embargo, algo en los ojos de Jacob, un destello de miedo, le dejó claro que lo que acababa de comenzar era mucho más peligroso de lo que imaginaba.
Esa noche, mientras intentaba dormir, escuchó el eco de las palabras del hombre: Lo hará con su vida . Pearl no sabía que esas cadenas invisibles ya comenzaban a enredarla, y que su supervivencia dependería de decisiones que nunca creyó ser capaz de tomar.
―Jacob ―susurró al vacío oscuro de la habitación―. ¿Qué has hecho?
