Amadeo I
Amadeo I De lo que acabo de referir, salió, como podréis suponer, mayor desventura mía, y el trabajo hercúleo de tener que triplicarme con diarias fatigas y combinaciones. La más amada de las tres era la que fue mediadora. Trataba yo de que fuera la única; pero tales dificultades y trapisondas me salieron al paso en mi tentativa de moralidad, que hube de seguir bailando, como decía el otro, en el triple trapecio de Trípoli, hasta que la desdichada derivación de tales hechos dio su funesto resultado… Antes de que pasaran dos semanas de este horrible trajín, Lucrecia fue asesinada por el empresario de timbas que había sido su amante, y aunque no me alcanzaba ni alcanzarme podía culpabilidad en el crimen, por el lugar y ocasión en que fue perpetrado, no me libré del espanto y consternación propios del trágico suceso. Pocos días después descubrió la princesa mi triple juego, y alborotada se plantó en mi casa, y cual furiosa rabanera, vertió sobre Nicanora y el pobre Ido las más groseras injurias. Lo que me dijo a mí me está escociendo todavía… Y por último, compasivo lector, mi tercera, que yo tenía por primera, no pudo menos de abrir sus enamorados ojos a estos escándalos, y me despidió de su trato, ya que no de su corazón, derramando lágrimas amarguísimas.