Amadeo I
Amadeo I Dejé de verla a mi lado… Mi camino seguí claudicante y haciendo eses… Esto de las eses que yo hacía me puso en gran cuidado, pues no recordaba yo haber bebido ni una gota de licor espirituoso. Alguna cuchufleta oí referente a mis eses…; la cabeza me pesaba como si en ella se me hubiera metido todo el azogue de las minas de Almadén… No puedo asegurar cómo y en qué postura llegué a mi casa; pero es indudable que en ella y en mi cama me encontré por la mañana, como quien despierta, o más bien resucita… Apenas puse mis huesos de punta, me lié con Ido del Sagrario en agria disputa. Empezamos por sostener, yo que las Musas eran diez, y él me contradijo con burlas diciendo que no eran más que nueve, quizás ocho no más, pues una de ellas, la de la Historia, se había dado de baja por no tener ya cosa bella o grande que contar… Estallé yo en cólera; quise pegarle, y habríamos tenido en casa una tragedia si no entrara Nicanora con zorros y una estaca para restablecer la paz. ¡Cómo estaría yo en aquellos días, que no hablaba con ningún amigo sin que acabáramos poniéndonos de vuelta y media! Con Mateo Nuevo reñí tan ásperamente que faltó poco para enredarnos a pescozones. Por una palabra, por una sonrisa, desafié a Luis Blanc y a Roberto Robert. A Ramón Cala, por haberme recomendado moderación en la bebida (yo no lo cataba), le mandé los padrinos, que fueron Ido del Sagrario y Roque Barcia.