Amadeo I
Amadeo I «No se duermen, no, los fantasmones de Madrid. Ya tiene usted a Serrano en campaña. Ayer estaba en Tafalla… ¡Por mi patrón San Miguel, que no me dieran a mí más trabajo que hacer polvo a esos Serranos y a esos Moriones, generales de teta, que aún no han llegado a la dentición militar! Oiga usted, amigo: En uno de los encuentros que tuvimos con los cristinos al retirarnos de Peñacerrada, no copamos a Espartero porque el General Guergué, que entonces nos mandaba, no hizo caso de mí, que a cada momento le advertía sus errores tácticos. Y a pesar de ello, supe arrollar al entonces coronel don Juan Zabala, matándole mucha gente, y al maldito Zurbano le tuve cogido… Fue cuestión de minutos, señor don Tito…; debió la vida suya y la de su tropa al socorro que le dio de improviso el General Rivero… Pues verá usted otra: Días adelante, mandaba yo la Caballería del General don Julián Alzaa… No tiene usted idea de las palizas que le di a Zurbano en Arechano, en Gamarra y en otros lugares de Álava… Pues digo, también el General León me conocía… Menudas cargas nos dimos, y si los falsos historiadores le dicen a usted que en Belascoaín quedó vencedor el Leoncito, no lo crea usted. El vencedor fue este cura». Dijo esto puesta la mano en el pecho, parándose, con lo que dio a su figura un aspecto estatuario.