Amadeo I
Amadeo I —Ha sido usted un héroe, señor Choribiqueta —le dije poniendo en ojos y boca todas las formas de admiración—. He oído que también estuvo usted en Ramales y Guardamino.
—Allí estuve… ¿Cómo no? Bien armada se la teníamos a Espartero. Pero la cobardía de Maroto nos birló la victoria… El tal Maroto, desde los fusilamientos de Estella… y yo fui de los que escaparon de milagro… venía tramando su infame traición al Rey legítimo. Bien nos la jugó a todos. Yo he servido a la causa de Dios desde sus comienzos hasta que Maroto nos vendió miserablemente en el llano de Vergara. En el Infierno está pagando su culpa… Yo he servido a las órdenes de Zumalacárregui, de Villarreal, de Cástor Andéchaga, del Conde de Negri, de Guergué y de otros guerreros abnegados y valientes; serví y luché sin ambición, despreciando ascensos, despreciando pagas, comiendo un pedazo de pan y unas habas mal cocidas después de veinte horas a caballo, o de medio día de combate; yo no miré jamás a ninguna ventaja temporal; no miraba más que a Dios y a su santa doctrina… Cuando salí de mi casa para entrar en la facción, llevaba en mi cinto sesenta y cinco duros, y cuando a mi casa volví después de la traición de Vergara traía dos pesetas en plata, y otra, o poco más, en calderilla…