Amadeo I
Amadeo I —¡Bien por los hombres valientes y honrados —exclamé— que sacrifican a una finalidad altísima la conveniencia personal y la propia vida!… Y ahora, don José Miguel, me va usted a permitir que le haga una pregunta: Cuando, terminada la campaña, dejó usted la existencia militar para restituirse a la eclesiástica, ¿no sintió en su alma los efectos de transición tan violenta?… Yo me figuro que usted no sabría ya ser cura…; vamos… que se le habría olvidado hasta la misa, el modo de decirla… y el rosario y las preces más usuales.