Amadeo I
Amadeo I Delirio, palmoteo frenético, berridos de aldeanos, lloriqueo de señoras… Y yo tenza que tenza como el célebre mentiroso Manolito Gázquez, bailando en el aire, quiero decir que alentado por los aplausos, disponÃame a terminar del modo más airoso. Con rápida visión retórica, comprendà que el final debÃa ser en extremo patético y dulzón. Allá va: «Ya he cansado bastante a este noble auditorio; ya debe este humilde orador católico volver a la obscuridad de que nunca debió salir, de que salió por vuestra benevolencia y caridad, digo caridad porque tal me parece el hecho de que os hayáis dignado oÃrme. Os debo gratitud eterna por vuestra benevolencia, y a ella correspondo diciéndoos que ese galardón de vuestras almas generosas es el más preciado que pude soñar. No veáis en mi pobre discurso primores de inteligencia, ni recursos de erudición, ni ornato de filigranas retóricas; no veáis más que ardor de fe, y sinceridad de creyente postrado ante los altares de Dios. Lo que habéis oÃdo es fruto, más que del estudio, de la oración, de embebecer el alma en la contemplación de la Divinidad y dormir en el éxtasis como el niño inocente en el blando regazo maternal. En mà no veáis ciencia; en mà no veáis la vana sabidurÃa que adquiere en los libros, obra comúnmente de la supercherÃa o del orgullo; en mà no veáis más que amor, que es la fuente de todo bien, manantial que nace en la grada más alta del Trono del AltÃsimo y viene murmurando suaves promesas hasta nuestras almas sedientas. El amor de Dios que me abrasa con llama inextinguible, me ha enseñado el amor de las criaturas. Mi enseñanza es amor, y entiendo que el sublime plan de República Hispano-Pontificia sólo por el amor puede traerse a la realidad. Y en verdad os digo que sin amor no saldréis de la esclavitud en que vivÃs… Amaos los unos a los otros. Amad a vuestros enemigos, amad a vuestros amigos. Os lo dice y os lo encomienda con efusión ardiente el que, subiendo desde el error a las cimas de la verdad, aprendió esta suprema ley; el que vivió en el pecado y se regeneró en la virtud; el que fue ciego y hoy iluminado por el fuego de la fe, es todo sentimiento, todo piedad, todo amor… He dicho».