Amadeo I
Amadeo I A los seis días de esta descansada vida llegó el Rey, con séquito militar y civil no muy lucido. Recibiéronle las autoridades y le alojaron en la Aduana, edificio viejo donde estaban las oficinas del Gobierno Civil y de la Administración de Hacienda. Antes o después de don Amadeo (no puedo precisarlo), llegó de Santoña el batallón de línea que debía custodiar a Su Majestad y hacerle los debidos honores. Como en la ciudad no había cuartel, por ser plaza desguarnecida y en extremo pacífica, la autoridad militar ordenó al alcalde que expidiera boletas de alojamiento para albergar a la tropa. El Alcalde, señor Sañudo, era convencido republicano, y sin faltar al respeto que al Jefe del Estado debía, replicó que no estaba dispuesto a molestar al vecindario y que acomodasen a los soldados en la forma militar más adecuada.