Amadeo I
Amadeo I Camino de nuestra casa, dije a Obdulia: «Me parece que tendremos lío. En el mar proceloso se baña una bellísima nadadora, de nacionalidad inglesa y corresponsala del Times. A esta señora le hace cucamonas nuestro amado Soberano, y digo tan sólo cucamonas por no dar mayor gravedad a un caso que conozco por simple chismorreo público». Debo añadir ahora que, sin darnos cuenta de ello, Obdulia y yo nos sentíamos posesores de no sé qué poder metafísico, con el cual penetrábamos en la intimidad de los hechos y en la conciencia de las personas que en Santander y su famoso balneario vivían. Hallábame yo dotado de una facultad intuitiva, al modo de reflejo de la vida externa en mi retina cerebral, facultad que a Obdulia se comunicaba, resultando que los dos teníamos un vago conocimiento de cuanto sucedía.