Amadeo I
Amadeo I Por esta pasmosa virtud anímica supimos, sin que nadie nos lo dijera, que la dama patilluda moraba en el Hotel del Comercio, el más decentito de la ciudad (Muelle, número 1), antigua casa próxima al edificio de la Aduana, donde el Rey habitó una noche y estuvo a punto de perecer envenenado por la reciente pintura del local. Tuvimos asimismo la visión de que Adela pasaba parte del día en su aposento solitario, atormentada de hondas inquietudes. Escribía cartas con febril mano, y las rasgaba en pedazos antes de concluirlas. Por no bajar al comedor se hacía servir en su habitación. Como Calipso en su gruta, ne pouvait se consoler de la partida de Ulises.