Amadeo I

Amadeo I

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La misma tarde de este suceso vimos en el Sardinero a la dama blanca y melancólica. Después de voltijear en las inmediaciones de la residencia real, vino al Pañuelo, donde alguien la enteró de que don Amadeo continuaba en la fragata. Supo también que a bordo había un poquito de fiesta, merienda o refresco. La lancha de vapor iba y venía, llevando convidados. Por sus propios ojos vio Adela que entraban en la falúa el corresponsal del Times y su bella señora. Momentos después de este grave incidente la vimos en la playa, excitadísima, hablando con Díaz Moreu. Su palabra era tan vehemente, su actitud tan resuelta y su gesto tan vivo, que creímos que le arrancaba los cordones al ayudante del Rey. Este empleaba toda su habilidad cortés en aplacar el enojo de la dama, y sus razones discretas terminaban con una negativa rotunda: Imposible llevarla a bordo. Volvió la embarcación a recoger más gente, y se llevó a Díaz Moreu, al alcalde Sañudo y a dos o tres militares de la guarnición. La hermosa Dido, abandonada contra el fuero de amistad y amor, mostraba claramente su despecho y celosa furia cuando embarcó en la jardinera de dos caballos para retirarse a su gruta del Hotel del Comercio.





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