Amadeo I
Amadeo I Entrado ya Diciembre, el buen pueblo republicano de Madrid agregó al interés de los teatros un motincillo callejero, nuevo síntoma de la grave dolencia hispana. Hallábase una noche deliberando la Junta Suprema del Consejo de la Federación Española, cuando sonaron tiros en la Puerta del Sol. ¿Qué ocurría? Que los Comités de los distritos habían acordado, por sí y ante sí, lanzarse a la calle. Corriose la trifulca a la Plaza de Antón Martín, tradicional baluarte republicano, y allí fue sofocada por las tropas que llevó el General Pavía. Entre los revolucionarios figuraban el famoso Espiga, el comandante Decref y Carlos Caro, Cerrudo y otros paisanos. Hubo bastantes heridos y un solo muerto, el lacayo del coche de Ruiz Zorrilla, víctima inocente del celo de un diputado, señor Boceta, que se empeñó en recorrer el campo de batalla en el propio carruaje oficial del Presidente del Consejo.