Amadeo I
Amadeo I Tomé nota mental de los cuentos que me trajo aquel majadero inocente, y seguí observando los acontecimientos que marcaban la fiebre y el creciente malestar de la Madre España. Entre domésticos goces y fáciles trabajos transcurrieron los días de Diciembre, hasta la placentera semana de Navidad y Año Nuevo, que fue para nosotros alegre y descansada por lo que voy a referir. Se hospedó en nuestra casa por pocos días un rico labrador toledano, residente en Bargas, que nos invitó a pasar las fiestas en su campestre vivienda, holgona y bien abastada de cuanto ha menester la vida. Aceptamos con gratitud, y allá nos fuimos con él en un galerín que salía de la Cava Baja. En el viaje y en el pueblo todo nos pareció delicioso: el campo totalmente desnudo de árboles, nos encantaba; la morada de nuestro amigo y anfitrión se nos antojó palacio principesco; cuanto veíamos era reflejo del gozo de nuestras almas.