Amadeo I
Amadeo I Cenamos diferentes manjares castizos; se obscureció la estancia, y al volver en tropel a nuestros dormitorios, Mariana me estrechó la mano diciéndome: «Descansa un poco, que en el primer tren de mañana nos iremos a Madrid. No sé si sabrás que está a punto de estallar un huracán político por susceptibilidades y resquemores de los caballeros de Artillería. No te digo más por esta noche…».