Amadeo I
Amadeo I Oyendo a la Señora creí encontrarme en los senos vaporosos de un mundo quimérico. Las dos mujeres que acompañaban a la divina Clío atrajeron poderosamente mi atención. La una, bella y altiva en su madurez, era la mismísima Viuda de Padilla; la otra, joven y bonita, Santa Leocadia… Entre los hombres, todos de vigorosa complexión goda o castellana, de rostros enjutos y tallas procerosas, vi al Rey Wamba, a San Ildefonso, a Jiménez de Rada y Jiménez de Cisneros, a Illán de Vargas, al Pastor de las Navas, y a otros, extranjeros españolizados, que eran sin duda Copín de Holanda, los Borgoñas y Theotocópuli. También creí reconocer al poeta Garcilaso y al comunero Padilla.