Amadeo I
Amadeo I —Ya me figuro el reverso de la escena, señora Madre; mejor será decir que lo adivino. Con el fuerte apoyo que le daba la confianza de las Cortes, Ruiz Zorrilla llevó a la sanción del Rey el Decreto reorganizando el Cuerpo de Artillería, y don Amadeo… fue débil…
—Débil no, querido Tito. Fue consecuente con los compromisos que le impuso su dignidad al venir a España. Reflexionó; hizo exploración de su conciencia; puso fin con solemne arranque a sus veleidades y ligerezas. Recordó su juramento ante las Cortes. Sus ojos vieron en letras de fuego las palabras memorables con que expresó su propósito de no imponerse a la soberanía de la Nación, y firmó.
—Y ya tenemos a los sargentos en los puestos de los oficiales. Me da en la nariz que algunos de los agraviados ofrecerán sus servicios a Carlos VII.