Amadeo I
Amadeo I Y él, mirándome con amenaza y cogiéndome el brazo con garra de cernÃcalo, soltó la voz a estas ásperas razones: «Yo soy Aquilino de la Hinojosa… Veo que se asusta. Es natural. Por mi nombre se entera de que soy tÃo de Obdulia por parte de madre».
—Aunque lo fuera usted también por parte de padre no me asustarÃa —respondÃ, sacando del pecho toda mi entereza—, pues nada tengo que ver con usted, ni me importa un bledo que sea usted tÃo de la Osa Mayor o del EspÃritu Santo.
—¿Bromitas tenemos? —replicó el tÃo, tambaleándose en su soberbia—. Le he buscado para decirle que no se casará usted con Obdulia… que aquà estoy yo para impedir que siga trastornándole el seso a esa buena chica. Entiéndalo, y me ponga en el caso de hacer con usted una barbaridad.
—Pues le participo que me casaré con Obdulia cuando me dé la gana, y sepa que me descargo en usted y en su pastelera madre.
Hizo ademán de echarme al cuello sus manos; pero yo, que chiquitÃn y todo soy una fiera cuando tocan a mi dignidad, invoqué a mis tacones para que aumentaran media cuarta, y haciendo como que requerÃa un arma en mi bolsillo, le solté esta rociada: «Si usted me provoca, no tendré inconveniente en sacarle al aire el bandullo, so tÃo».