Amadeo I
Amadeo I —Poco a poco —gruñó el estafermo echándose atrás—. No hemos de armar escándalo entre tanta gente. Si usted no tiene vergüenza, yo la tengo. Tiempo y lugar habrá para ver quién puede más.
Diciendo esto sacó del bolsillo una tarjeta sucia, en la que leí: Aquilino de la Hinojosa, afinador de pianos. Cuchilleros, 3. Yo me arranqué a decirle con mayor coraje: «Iré a buscarle a usted y le afinaré el entendimiento». A lo que, ya en retirada discreta, respondió: «No me busque en mi casa, donde tampoco quiero escándalos. Me encontrará todas las tardes en el Casino Conservador… Abur… Nos veremos, caballero miniatura».
—Cuadrúpedo, nos veremos.