Amadeo I
Amadeo I El momento más triste y grandioso de aquel éxodo fue el descender de la comitiva por la Escalera de Honor, entre alabarderos rígidos, sin música ni voces que turbaran el fúnebre silencio. Sólo el rumor de las pisadas marcaba el lento caminar de una época, declinando hacia los senos del Tiempo que traen la sanción de los actos y el juicio de la Historia.
Y nada más… Se obscureció la escalera, se obscureció el Palacio, apagose el ruido de las pisadas. Nos vimos envueltos en tinieblas de panteón…
FIN DE AMADEO I
Santander-Madrid, Agosto-Octubre de 1910