Amadeo I
Amadeo I —No me asusto, señor —le dije—; me asombro y casi me indigno de que se suponga a mi jefe capaz de…
—¡Ay qué gracia! —exclamó el herpético rompiendo en franca risa—. ¡Pero si Albareda no pierde con ello ni un átomo de su honradez; si esto es lo más lÃcito, lo más meritorio, lo más…! Albareda es un amable filósofo, que se adelanta a su época. Si a él le conviene tener un periódico defensor de su polÃtica, ¿qué mal hay en recibir auxilio de un grupo de buenos españoles que miran por su patria? Me consta que el dinero pasa por las manos de Albareda sin que nada se pegue en ellas.