Amadeo I
Amadeo I A propósito de ingenios quiero hablar del conocimiento que en El Debate hice con varios sujetos que lúcidamente han figurado en las Letras y en el Periodismo. Los que más vivos conservo en mi memoria son Rodríguez Correa y Ferreras… ¡Alto!… Déjenme volver atrás. Necesito el desorden; la estricta cronología pugna con mi temperamento voluble y mis nervios azogados. Atención. Cuando llegamos a casa pregunté a Felipa quién era el señor obeso y calvo, de frac, que me había llevado aparte para hablarme a solas. Díjome que era un mozo de café o de fonda, que se fue a La Habana y de allá volvió dándoselas de ricachón, o siéndolo de verdad. De la Tía Clío, por cuya procedencia y oficio le pregunté, díjome lo que a la letra copio: «Es una vieja medio loca que en el piso bajo tiene una tienda de muebles, armas y papelorios antiguos. Lejos de aquí la hemos visto vestida de señora con borceguíes de tacón dorado, y aquí se nos presenta hecha un pingajo, con chinelas que dice fueron de una tal doña Urraca. Charlotea de trifulcas que pasaron y de las que están pasando, y es una criticona que no hace más que gruñir. Se va como viene, sin saludar a nadie y diciendo no más que: 'Hasta ahora'. Y el ahora quiere decir siempre».