Amadeo I

Amadeo I

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El verano apoyó con su calor esta vehemencia del zorrillismo, y todos íbamos viviendo… digo mal, yo no vivía, porque no daba un paso sin pisar horrendas dificultades, por los desniveles de mi hacienda, que ya me llevaban a la bancarrota inevitable. Así como los Estados, en sus conflictos pecuniarios, acuden a los grandes financieros del mundo, yo, en mis apuros (secuela de mi enfermedad y otros excesos), llamaba a las puertas de la Casa Rostchild[2], a las de la Casa Lafitte. Mi sueldo y lo que yo ganaba en El Debate hablando pestes del radicalismo, barajando los torys con los wighs, o bien preconizando como heroica medicina de España el self-government, todo esto y algo más se lo llevaba la Casa Rostchild, un roñoso prestamista de la plazuela del Alamillo, que en diferentes crisis metálicas me había facilitado algunos millones o puñados de maravedises… Ahogado ya, puse mis paralelas a otras opulentas casas judaicas, y como estas me mandaran a escardar cebollinos, fui y qué hice, contratar un empréstito de diez duros, a corto plazo, con Baring Brothers de la City (en Madrid, callejón de San Cristóbal); más no habiendo podido cumplir, me dieron un escándalo, y a la escandalera se agregó la Casa Rostchild, y entre todas aquellas casas me dejaron, como quien dice, en cueros vivos; buena moda para verano.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker